Exposición fotográfica: “Miradas engarzadas”

Los invitamos a la muestra fotográfica titulada “Miradas engarzadas” que tendrá lugar en el Salón de Martín y Omar 339, San Isidro, desde el 18 de junio hasta el 5 de julio. Exponen nueve artistas curados por Marie Anne Gilotaux. Inaugura el viernes 21 de junio a las 18:00.
Jueves, 13 Junio, 2019
Miradas engarzadas

Invitación
La exposición fotográfica titulada “Miradas Engarzadas” tendrá lugar en el Salón de Martín y Omar 339, San Isidro, desde el 18 de junio hasta el 5 de julio.
- Expositores: Leonor De Achaval, Julio Virgolini, Sofia Dodero, Caio Rivera, Horacio Rosell, Gabriela Basalo, Roger Reeves, Angeles Pereda y Ana Zorraquin.
- Curadora: Marie Anne Gilotaux*
- Inauguración: el viernes 21 de junio a las 18:00.
- Horarios. La Muestra podrá visitarse los días hábiles en el horario de 12:00 a 18:00 horas excepto los martes de 12:00 a 15:00 y jueves 27/06 a partir de las 14:00 hasta las 18:00.
¡Los esperamos!

*La fotografía es antes que nada una manera de  mirar.   No es la mirada misma.” 
Susan Sontag

Una foto es un instante de silencio. Una imagen que atestigua la despiadada disolución del tiempo y deja plasmado en un papel aquel instante que no se volverá a vivir. Como dice Roland Barthes[1], “la fotografía repite mecánicamente lo que nunca podrá repetirse existencialmente”. Así el fotógrafo, con su mirada atenta, dibuja con la luz aquellos momentos que lo hacen detenerse. Detenerse y observar. Observar y eternizar. Y en la soledad de ese acto emerge su reflejo interior, se manifiesta eso que lo conmueve, una evidencia de búsqueda de un instante único y la necesidad de eternizarlo.
Tomas directas o no, cada uno de los fotógrafos que forman parte de esta muestra, cada uno con su ojo y su mirada, busca mostrar algo bello. Miradas divergentes que se entremezclan, que se engarzan para formar un todo nuevo, en armonía. Miradas que se funden en un solo paisaje metafísico donde la búqueda de la verdad y de lo bello se manifiesta desde el interior mismo de cada uno.
Nadie jamás descubrió la fealdad por medio de las fotografías. Pero muchos por medio de las fotografías, han descubierto la belleza” dice Susan Sontag[2] ¿Y no es acaso esa una de las funciones de la fotografía? Poder mostrar esa belleza que a veces se oculta, que no siempre somos capaces de ver. Belleza que busca desocultarse en la obra de Ángeles Pereda, quien permite a través de su objetivo que lo bello se manfieste más allá de las apariencias y recupere la identidad perdida. “Cuerpos que ocultan su esplendor, su vida, incluso a veces su identidad…” dice Pereda, imágenes que nos hablan de la vulnerabilidad de la que todos somos víctimas.
Dar a ver o dar a pensar? Las fotos de Ana Zorraquín también son testimonio de una búsqueda aguerrida de crecimiento interior para poder ampliarse a los demás con generosidad. Es más importante lo que una obra hace que lo que una obra dice y las obras de Ana hacen mucho. “En el fondo la fotografía es subversiva, y no cuando asusta, trastorna o incluso estigmatiza, sino cuando es pensativa” dice Roland Barthes[3] y nos deja pensando como nos dejan pensando también las fotos de Zorraquín.
La fotografía es luz, es tiempo, es espacio, es distancia. Todo queda detenido.
Las emociones humanas tienen una resolución infinita, cuanto más las ampliamos, más se abren” palabras de Bill Viola[4] que resuenan en las tomas de Roger Reeves. Paisajes infinitos donde las miradas se amplían y surgen emociones descarnadas. Paisajes que son en realidad paisajes interiores. Con el ojo puesto en la repetición y la simetría, Reeves revela su necesidad de salir del ritmo de la gran ciudad para entrar en el ritmo de una melodía más acompasada, más profunda. Aguas adentro. Necesidad de mostrar la inmensidad de la naturaleza que revela la pequeñez del ser humano que se pregunta por el sentido de la vida, por su finitud y su inmortalidad.
La fotografía es memoria, es duración, es pasado inscritpto en la luz. Testimonio de algo vivido. Imágenes que pueden ser también el resultado del vagabundeo urbano de quien busca capturar a través de la cámara aquello que lo sorprende y lo conmueve para volverlo eterno. Como Horacio Rosell y Gabriela Basalo que transitan por los espacios urbanos no sólo con espíritu observador, sino con el ánimo despierto de quien intenta desentrañar el alma de una ciudad. O Julio Virgolini que intenta pasar desapercibido para no interrumpir la autenticidad de un momento, la frescura de una emoción que quedará eternizada en el papel. Como los flâneurs de Baudelaire, lejos de ser simples mirones alienados por la masa urbana, todos son capaces de distanciarse de la multitud y tomar conciencia de lo que observan en su andar voyeurista.
Un momento de silencio, de silencio interior, como el silencio de las tomas de Caio Rivera que son testimonio de una ciudad que vibra más allá de sus habitantes. Registros de una mirada que preserva, denuncia y consagra a la vez aquellos espacios emblemáticos que quedan capturados en el objetivo de la cámara.
Las fotografías muestran realidades que ya existen, pero que sólo el ojo perspicaz del fotógrafo y su cámara son capaces de desvelar. Testimonio de ello son las tomas de Leonor de Achával donde el juego entre presencias y ausencias entabla un diálogo inquietante y sigiloso con quien las observa. Fotos que contienen la humanidad de un momento.
Miradas avezadas que interpelan a quienes las miran, tomas que reflejan el ojo agudo de Sofía Dodero a quien la alteridad no deja indiferente. Retratos de otros que son peculiares, que intrigan, que inquietan, pero que finalmente a través de estas imágenes generan empatía con aquellos otros.
Otros que miramos. Otros que nos miran.

[1] Roland Barthés, La cámara lúcida, pág. 31

[2] Susan Sontag, Sobre la fotografía, pág. 125

[3] Roland Barthes, Id pág.81

[4] Bill Viola, Catálogo de le Retrospectiva, Grand Palais Paris, 2014, pág. 142

 

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