Verificación y evaluación de los accesos físicos a los edificios públicos en que los abogados ejercen su profesión

Ponerse en el lugar del otro: resumen de una experiencia en plano vertical. Los presidentes de la Comisión de Administración y Justicia y de Acción Social y Discapacidad, dieron inicio a una política de verificación y evaluación de los accesos físicos a los edificios públicos en que los abogados ejercen su profesión.
Lunes, 19 Junio, 2017

* Verificación y evaluación de los accesos físicos a los edificios públicos en que los abogados ejercen el ministerio de su profesión

Barreras arquitectónicas en el edificio de Tribunales de la calle Ituzaingó 340
En la sede colonial del CASI, se dieron cita los presidentes de la Comisión de Administración y Justicia y de Acción Social y Discapacidad, con el fin de dar inicio a una política de verificación y evaluación de los accesos físicos a los edificios públicos en que los abogados ejercen el ministerio de su profesión.
El objetivo particular se circunscribió a analizar y constatar la existencia de barreras arquitectónicas en el edificio de Tribunales de la calle Ituzaingó 340.

Simulacro sin ayuda externa
Para tal fin, se requirió la colaboración de un matriculado que, con pleno uso de sus facultades motoras, debía desplazarse en silla de ruedas desde el Colegio de Abogados hasta la sede judicial antes indicada, y realizar una recorrida por diversos pisos y juzgados.
Esta simulación era a fin de que una persona pudiera, al menos por un rato, comprobar las dificultades que a diario deben enfrentar quienes deben utilizar una silla de ruedas, y viviera en carne propia las posibles complejidades que esas eventuales barreras significan. La evaluación en particular se focalizaría sobre los ingresos o egresos al edificio y a los distintos pisos, y luego se aprovecharía para verificar algunos accesos puntuales a dependencias internas. Pero, vale aclararlo, la evaluación se debía realizar con independencia de la ayuda externa que se pudiera ofrecer, de manera de poder realmente determinar cuán preparado estaba el medio para un completo acceso de parte de cualquier persona en forma autónoma.

Punto de partida: Martín y Omar 339, primer inconveniente
Ya desde el inicio se verificaron algunos inconvenientes. En la salida habitual del Colegio (Martín y Omar 339), existe una doble puerta que regularmente está con una hoja cerrada y, del escalón de acceso, solamente la mitad está adaptado con una rampa. Pero esa mitad resulta algo estrecha, apenas algo más que el ancho regular de una silla de ruedas y, cuando no se calcula con exactitud, puede ocurrir lo que en este caso sucedió: por un pequeño margen, una de las ruedas quedó montada sobre el escalón mientras el resto de la silla pudo ingresar en la rampa. Pero ese pequeño margen hizo que la silla perdiera movilidad porque la posición le quitaba adherencia al suelo y no permitía continuar. El auxilio llegó inmediatamente por parte del personal del establecimiento que, muy solícito ayudó a completar el trayecto desde el edificio hasta la acera.

Segundo inconveniente
El trayecto acordado, debía ser el siguiente: se iría desde Martín y Omar por Acassuso hasta la calle Ituzaingó.
Al llegar a la esquina, de Acassuso y Martín y Omar se presentó el segundo inconveniente. Las cuatro esquinas que corresponden a la intersección de las calles Martín y Omar y Acassuso cuentan con rampas, por lo que se debería considerar como adaptadas para el cruce regular; pero la teoría y la práctica resultan algo alejadas en este caso. La rampa para bajar a la calle resultó algo pronunciada, pero la rampa de la margen derecha (según el sentido del tránsito, o también margen de numeración par), era aún más empinada. Cuando las rampas son poco pronunciadas, lo ideal es subir de frente ya que se puede controlar la silla mucho mejor; cuando la rampa tiene una pendiente de un ángulo más elevado, lo ideal es subir de espaldas para evitar, entre otras contingencias, posibles caídas de espalda, al tiempo que se aprovecha mejor la fuerza; en este caso, la subida fue imposible en cualquiera de sus dos variantes. Por el ángulo de la rampa, por la distancia o por la forma de la calzada vehicular, lo cierto es que la silla iniciaba bien el ascenso, luego perdía un mínimo de adherencia y ese mínimo resultaba fatal, ya que no había forma de que en un único movimiento se pudiera volver a tomar impulso para seguir subiendo. Tal vez una silla motorizada podría haber tenido mejor resultado, pero para el usuario manual era imposible. Tras varios intentos en los que parecía que nuestro colega de laboratorio intentó repetidamente lograr su cometido, recién se pudo completar el ascenso a la acera peatonal cuando uno de los integrantes del equipo lo ayudó con la simple técnica de un ligero tirón hacia la vereda en el momento que volvía a caer; una ayuda tal vez mínima, pero que en este caso resultó fundamental para evitar que la silla cayera, que tomara suficiente adherencia y que el matriculado pudiera nuevamente tomar impulso para el ascenso.

Tercer inconveniente
De allí en más el recorrido resultó adecuado merced a los cruces peatonales a nivel construidos sobre las calles Belgrano y 9 de Julio, aunque a media cuadra de Ituzaingó, frente a la puerta de Recaudación Fiscal del Banco Provincia, se había abierto un pozo en la vereda, pozo que abarcaba todo el ancho de la calzada peatonal y que obligó a retroceder y tomar por la margen opuesta. 

Cómo superar el cuarto inconveniente
Al llegar al cruce de la calle Ituzaingó, la situación fue menos compleja que en el cruce de Acassuso: la bajada fue más sencilla y la subida pudo realizarse sin ayuda de terceros. Pero el trecho que existe entre la esquina y la entrada al edificio de Tribunales pone a prueba a los más habilidosos. En primer lugar, debemos recordar que la vereda tiene un ancho acotado, ancho que se ve mucho más reducido cuando se recorren los primeros metros, ya que se suceden en tándem una columna de conectores eléctricos o telefónicos del lado de la calzada vehicular, luego un kiosco de revistas sobre la línea de construcción y luego un árbol (con su respectivo cantero) de la margen vehicular. En menos de 10 metros, la silla debe maniobrar en forma de “S” para poder mantener una trayectoria. Esa estrechez de paso, sumada al tránsito (en ambos sentidos) de personas, dificultaba la circulación para una persona en silla de ruedas, ya que debía esquivarse a los peatones. Pero además, apenas traspasado el kiosco, a la altura del árbol, varias de las baldosas estaban flojas o faltantes, lo que desbalanceaba la silla y obligaba a mayores proezas por las maniobras que debían realizarse. Finalmente, se llegó a destino.

Una rampa inadecuada, el quinto inconveniente
El edificio central de Tribunales de San Isidro tiene en su entrada, del lado que da hacia la avenida del Libertador, una rampa que, además, cuenta con un doble pasamanos. Como la rampa parecía algo pronunciada, ya de inicio se tomó la posición de espaldas, para poder controlar mejor el ascenso. Pero nuevamente nos encontramos ante una rampa de tal altura que constantemente la silla caía o patinaba y, quedaba claro que resultaba imposible acceder de esa forma, se comenzó a utilizar la ayuda de ambos pasamanos para dar envión, actividad esta que se observó claramente fatigosa y que por momentos pareció incluso riesgosa, a tal punto que se quiso intervenir. Vale destacar también que al ver la denodada lucha por acceder hizo que muchos colegas y hasta el personal de seguridad destacado en el edificio se acercaran solícitos para brindar su apoyo y ayuda; pero precisamente el objeto de análisis (el libre acceso en forma autónoma para quienes utilizaran sillas) y con el fin de poder conocer en mejor medida la envergadura del escollo que había que sortear, llevó desechar la ayuda ofrecida porque no había riesgo serio.

Un dispositivo especial bajo llaves y en espera, sexto inconveniente
Una vez sorteada la rampa inicial, nos adentramos en el hall de entradas para hacer la recorrida interna. El criterio de visitas sería simple: recorrer algunos pisos para poder evaluar los accesos internos y la capacidad de remoción de obstáculos.
Primero nos dirigimos  a la Receptoría General de Expedientes, cual si fuéramos a sortear una causa o a verificar causas iniciadas en años anteriores que pudieran estar fuera del sistema informático. La ventanilla de atención se encuentra en un entrepiso al cual no llegan los ascensores, pero que cuenta con un elevador para sillas. El inconveniente que se presentó es que dicho elevador no está disponible, sino que debe ser activado por el personal interno y que se encuentra bajo llave. Es decir que hubo de llamarse al personal para que activara el elevador, activación que se demoró aproximadamente 25 minutos por cuanto las llaves habían sido cambiadas o no se encontraban en el lugar pertinente.

Elevador estrecho, séptimo inconveniente
El elevador resultó ligeramente estrecho. Por el tiempo que insumieron los distintos contratiempos, lo que estaba previsto para ser una recorrida integral debió limitarse a un muestreo. Por tal razón, se limitó la inspección a un par de pisos y dentro de los pisos, solo algunas dependencias.

Mostradores altos, octavo inconveniente
Se concurrió al piso 10, y se ingresó a la Cámara Penal, donde nos encontramos con un sector de ingreso muy estrecho y en el cual se logró ingresar porque no había otras personas dentro. En la Oficina Fiscal del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil el ingreso resultó igualmente estrecho, pero en este caso primó la picardía: habían adaptado uno de los mostradores para que pudiera deslizarse hacia atrás y liberar espacio para el ingreso; además, según informaron, contaban con una oficina ubicada en la Planta Baja para atender precisamente a quienes tuvieran movilidad reducida.
En la Cámara Civil y Comercial, Sala I, el espacio era adecuado, pero los mostradores de atención altos, y de esta forma, quien se encontrare en sillas de ruedas no podría leer cómodamente un expediente.                

Ascensor desincronizado, noveno inconveniente
El siguiente piso elegido era el 7mo y el inconveniente inicial estuvo en el ingreso al ascensor del piso 10, donde se notó una falta de sincronización o de información y programación del ascensor: si hubiera estado en solitario, no había forma de desplazarse con la silla de ruedas e ingresar al ascensor porque entre la llegada y el cierre de la puerta, no hubo tiempo para el traslado y maniobra necesario.

Escollo complicado, décimo inconveniente
En el Tribunal de Trabajo 3, había un escollo complicado: el ingreso muy estrecho y los mostradores altos: la decisión del juzgado en estos casos fue la de atender por la sala de audiencias.

Superando el número once…Registro del nro. 12
El último lugar que se pudo evaluar fue el baño de la planta baja. Aquí hubo dos comprobaciones: la primera es que se carecía de baño exclusivamente destinado a personas con movilidad reducida o por lo menos no había carteles visibles que así lo señalaran. Como no había baño exclusivo, se concurrió al baño general: no se pudo pasar de la puerta de ingreso. El acceso impedía girar la silla más allá del marco de la puerta.

En peligro, inconveniente número trece
Quedaba solamente egresar del edificio hacia la calle y probar la rampa pero en sentido inverso. Cuando se comenzó a bajar, se tomó conciencia de lo empinada que resultaba y que era imposible descender sin asistencia de un tercero (en este caso acudió una agente de seguridad).

Exhortación
Estas situaciones que han sido verificadas por ambas comisiones intervinentes -Comisión de Administración y Justicia y Comisión de Acción y Discapacidad del Colegio de Abogados de San Isidro, son dadas a conocer a modo de exhortación a la Superintendencia del Edificio de Tribunales  sito en Ituzaingó 340-, a la Superintendencia Delegada,  a la Delegación de Arquitectura y Oficina de Mantenimiento y a los organismos y dependencias que correspondan, para que tomen debida intervención ordenando dar cumplimiento a las mandas de la ley 10.592.

 

 

Adjuntos: